Meat is Murder. En 1984, The Smiths no habían quedado
conformes con el resultado final de su debut discográfico homónimo por
diferencias con su productor. Para no repetir experiencias, la banda acudió al
ingeniero Stephen Street, que se volvería una pieza inamovible en el resto de
los lanzamientos del grupo. En menos de un año, la banda sonó mucho más pulida,
con un Johnny Marr más suelto como guitarrista, y con Morrissey sacándole filo
a su lengua en la diatriba pro vegetarianismo que le da nombre al disco, y en
el repudio a los castigos físicos de "The Headmaster Ritual".
She's the Boss. Las cosas no estaban del todo bien entre los
Rolling Stones en 1983, cuando la banda firmó contrato con CBS. Como el
documento les permitía a los músicos publicar discos solistas, Mick Jagger no
dudó en aceptar esa idea. De la mano de amigos tales como Pete Townshend,
Herbie Hancock, Niles Rodgers, Carlos Alomar y Jeff Beck, el cantante dio
inicio a una carrera en solitario que fue recibida con tibieza por el público,
y que sólo alimentó las tensiones con el resto de sus compañeros de banda,
hasta que se firmó el armisticio con Steel Wheels, en 1989.
Killing Is My Business... and Business Is Good! El duelo de
Dave Mustaine tras haber sido echado de Metallica por su problema con el
alcohol duró poco. A los dos meses ya había fundado Megadeth, y medio años más
tarde, el grupo tuvo su primer contrato discográfico con Combat. El sello le
dio a la banda un adelanto de ocho mil dólares para grabar su debut, que el
colorado y sus amigos se patinaron en bebidas y drogas, por lo que tuvieron que
ellos mismos las riendas de la grabación. Quizás por eso mismo, el primer disco
de Megadeth suena urgente, acelerado y brutal, la manera en la que encontró
Mustaine de decirle a sus ex compañeros de que él sí estaba en condiciones de
tocar metal bien fuerte y rápido.
Psychocandy. Melómanos confesos, los hermanos Jim y William
Reid tenían una idea en mente: crear algo que se pareciese a la vez a The
Velvet Underground, las armonías de Beach Boys y a la música industrial más
abstracta. Como resultado, el debut de The Jesus and Mary Chain es una amalgama
sonora en donde conviven melodías amables con acoples, disonancias y
distorsiones abrasivas. Con el tiempo, Psychocandy se volvió una piedra angular
para la cultura alternativa a ambos márgenes del océano Atlántico.
The Head on the Door. Después de cinco discos lúgubres y
retorcidos, Robert Smith comenzó a llevar a The Cure hacia los terrenos del
pop. Con el grupo ya convertido en una puerta giratoria por la que desfilaban
músicos, su sexto álbum de estudio significó la incorporación de Boris Williams
y Porl Thompson, como también el regreso del bajista Simon Gallup. La alta
rotación de los singles "In Between Days" y "Close to Me"
terminó de delinear el rumbo artístico que The Cure potenciaría dos años más
tarde, con Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me.
No Jacket Required. Phil Collins ya había conocido el éxito
por su propia cuenta con sus dos primeros discos solistas, pero las cosas
darían un salto aun mayor en 1985. La rotación de los singles "One More
Night" y "Sussudio" dispararon las ventas del álbum, por lo que
el todavía miembro de Genesis se embarcó en una gira mundial con 83 shows en
menos de cinco meses. A pesar de la recepción favorable de la crítica al
momento de su aparición, con el tiempo No Jacket Required pasó a ser catalogado
como un paso en falso en la carrera del cantante y baterista, más cerca del
soft rock que de la complejidad progresiva de su banda. Aun así, al día de la
fecha el disco lleva vendidas más de 20 millones de copias a nivel global.
Brothers in Arms. Pocas bandas pueden ilustrar tanto la fascinación
por la tecnología digital de los ochenta como Dire Straits. El grupo fundado
por Mark Knopfler eligió grabar su quinto disco en los estudios AIR que George
Martin había creado en la isla de Montserrat. Brothers in Arms no sólo fue uno
de los primeros álbumes en fabricarse en CD, sino también uno de los primeros
en grabarse, mezclarse y masterizarse de manera digital. Esta obsesión tuvo su
correlato en el video de "Money for Nothing", sostenido con una
animación computarizada que, si bien hoy en día puede parecer rústica, en su
momento fue de avanzada.
Cut the Crap. A veces algunas historias se merecen un mejor
final. Después de la gira de Combat Rock, The Clash había quedado herido de
muerte. Joe Strummer echó al baterista Topper Headon por su adicción a la
heroína y, mientras preparaba su sexto álbum de estudio, Mick Jones abandonó la
banda. El cantante reclutó a otros dos guitarristas, pero delegó la toma de
decisiones en el productor Bernie Rhodes, que se encargó de plagar al álbum de
baterías electrónicas y sintetizadores sin consultar a Strummer.
Fly on The Wall. AC/DC había empezado la década con el pie
derecho gracias al uno-dos que representan Back in Black y For Those About to
Rock We Salute You, pero su noveno trabajo de estudio no pudo continuar con la
saga. Aun a pesar del tibio recibimiento, vale remarcar el mérito de Fly on the
Wall: en un escenario dominado por el glam metal, los hermanos Malcolm y Angus
Young se pusieron la producción al horno para rescatar la crudeza de la banda
australiana, en oposición a los artificios sonoros y estéticos de la época.
Mr. Bad Guy. Mientras Queen se tomaba un período sabático
después de la gira presentación de The Works, Freddie Mercury optó por matar el
tiempo libre dándole forma a su debut como solista. Fascinado por las bondades
de los sintetizadores, samplers y baterías electrónicas de la época, el
cantante creó un álbum orientado a la pista de baile. Mr. Bad Guy iba a incluir
una colaboración de Michael Jackson, pero Mercury terminó desestimándola al
sentirse incómodo con la presencia en el estudio del chimpancé que Jacko tenía
como mascota.
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